martes, septiembre 01, 2009

A la espera


La necesidad imbatible e insaciable de comunicarnos cede, con frecuencia, espacios a una duda motivada por una exigencia perjudicial: querer que cada frase y oración estén hiladas de manera sublime. Claro está, nunca es logrado tal objetivo, pero incluso así el escritor planta la frente contra el teclado, o arruga decenas de folios en búsqueda de una satisfacción que a cada paso se torna más difícil de conseguir.

Toda concepción se enmarca en un motivo. Las ficciones que ocupan finalmente las páginas de un libro, los productos audiovisuales que son presentados a una audiencia, parten de una idea que va desarrollándose con el firme trazo del grafito. Inspirados, los artistas logran escribir decenas de párrafos que relatan una subjetividad particular, aspirando con ello subsistir, destacarse, desahogarse, o todas ellas. Existe un especial hincapié en la última de las tres. Si bien algunos deseamos algún día poder materializar las dos primeras razones, es el deseo de expresar los conflictos e inquietudes internas lo que en un inicio lleva a tomar asiento frente al vacío. Luego viene el empujón que permite descargar los contenidos en aquella nada desafiante. Y tal como ocurre con cualquier reto, hay veces en que se tiene éxito y otras en que no.

Los fracasos en dicho plano llevan a que muchas plumas sean abandonadas en el tintero, para jamás volver a ser tomadas. Otros se ahogan en un delirio desatado por el éxito repentino, buscando nuevamente saborear el placer enviciante que genera. Resulta intrigante ver cómo se dan tales escenarios a partir del deseo por crear fantasías, más allá de que puedan o no ser disfrutadas por otros. Algunos, debido a fallas recurrentes, optan por retornar a las fórmulas y los temas comunes, terrenos explorados hasta el hartazgo, con la esperanza de que algún día se revele ante ellos una providencia complaciente. Pero, si no salimos de las cuatro paredes frecuentadas, ¿existe la posibilidad de que ello ocurra? Debemos entonces asumir riesgos, redactar piezas que no satisfagan a plenitud nuestra mal habituada percepción.

Él continúa haciendo lo mismo. Trata de engañarse con palabras esperanzadoras, y continúa enclaustrado en la apatía, nutriéndose con material diverso a la espera de que tal consumo le de una base cultural que, tarde o temprano, le permita concebir una obra que le plazca.

sábado, julio 11, 2009

Sin fronteras


Cada pensamiento al respecto condujo, finalmente, al esbozo de una sonrisa... pues en ellos se encuentran los momentos especiales que hemos vivido... y los que se espera hacer realidad...

Pueden haber lágrimas en los ojos, puede hacerse un nudo en la garganta y el pulso puede fallar. ¿Temor? Cuando consideramos que pueda finalizar lo que nos da razones para dedicarnos por algo, por tener ánimos de dirigirnos a un lugar de encuentro bajo cualquier circunstancia y, finalmente, cuando se puede perder un motivo de felicidad, es cierto que podemos atemorizarnos. Esa sensación siempre existirá, pero si se ve con detenimiento se puede entender que ello también demuestra el valor de una relación, de una experiencia, y ello las hace especiales. Esa fragilidad tan maravillosa nos hace apreciar aún más las cosas hermosas que la existencia nos regala, y nos permite atesorarlas, protegerlas y luchar contra cualquier adversidad por conservarlas.

Ahora el tablero dispone una oportunidad diferente, cuyo albor es único y da una calidez particular a lo más profundo. Se trata de ese motivo por el cual puedes hacer lo que sea, y sí, muchas de las palabras aquí señaladas serán vistas como algo enternecedor y torpe, propio de un inexperto que se ha entregado a un delirio sentimental, que no mide a partir de los riesgos de los apegos afectivos y las implicaciones que tienen. Bastará aclarar que hablo con suficiente propiedad pues el asunto no es ajeno a mi persona, tanto así que prediqué esas mismas limitantes en algún punto de mi vida.

Pero, de forma inesperada, llega un momento en que deseamos abrirnos a la plenitud de una experiencia, donde algo o alguien se convierte en una razón por la cual accedemos a dar el todo, más allá de los riesgos posibles. Se trata de una decisión pensada, por la cual deseamos sentir la emoción de vivir al máximo un lazo estrecho, y someternos a las pruebas que plantea protegerlo bajo cualquier circunstancia. En fin, se trata de convertirnos en los protagonistas de aquellas ficciones inspiradoras, donde al final de la historia los obstáculos eran superados, el conflicto se resolvía y los personajes principales eran inmortalizados en la última página juntos, victoriosos...

La realidad muestra una cara diferente a cada segundo, y miles de intentos se desvanecen ante la indiferencia, el engaño, errores o múltiples dificultades. Pero, a pesar de ello, esa misma realidad nos muestra que pocos de esos intentos logran materializar un sueño compartido, y he ahí la clave de que algunos deseen asumir el riesgo. Hay una esperanza por la cual sumergirnos en lo que menciono, por la cual podemos anhelar convertir en algo real el deseo cristalino que cierto día ocupó nuestra mente. Una ilusión frágil, pero cuya belleza da ánimos a pensar que las cosas algún día puedan resultar así.

Basta esforzarnos por lograr aquello que queremos, por proteger una motivación especial más allá de lo que la realidad ha demostrado, frente a diversos obstáculos, y superar las fronteras... creer que es posible...

Resta atesorar la felicidad que da equilibrio a todo lo demás...

sábado, julio 04, 2009

Llegar al cielo


Espléndido e inolvidable. Un obsequio especial cuyo alcance tocó lo más profundo. Un momento ataviado con una vista fascinante que bastó para encantar y sustraer de toda distracción ajena. Con ello no me refiero únicamente al cuadro pintado bajo la colina, donde se desenvuelve la existencia de millones; con ello me refiero a la compañía que se tuvo en ese espacio de tiempo, la razón que hizo del mismo algo verdaderamente único.

Resulta fascinante intentar comprender cómo una sonrisa puede provocar un revuelo indefinible en lo más hondo del ser, cómo puede concentrar la atención y hacer que cada pensamiento lleve el nombre de ese rostro. Preguntas radicales cuyas respuestas jamás podrán satisfacer a plenitud. Resta apegarnos a los mensajes distribuidos en las tarjetas de ocasión, o ser sinceros y entender que las palabras resultan inútiles para definir ciertas cosas. En realidad, en este caso el fin no es hallar un porqué, sino disfrutar el hecho de que la vida abra la puerta a momentos mágicos en donde las ataduras del plano en que vivimos se deshacen, en donde finalmente logran acceder a nuestro mundo obras sustraídas de fantasías sublimes, momentos donde vemos los sueños materializarse.

Ante los ojos del afortunado se presenta una disputa desequilibrada donde el ganador es evidente. El paisaje reluciente no es rival para el encanto que atribuye la magia al momento, para aquella figura que observa el espectáculo a un costado. Un abrazo termina de eclipsar los otros estímulos. A sus espaldas un albor ligero hace brillar lo que asemejan unas alas traslúcidas. Es el hechizo, lo comprendo, y me entrego a esa fantasía que nos arropa, a ese regalo repentino que la vida presentó, a ese ángel que descendió y arrebató los sentidos.

sábado, junio 27, 2009

El motivo y la sonrisa


Es inevitable. Lo he mencionado y lo recordarás. Es algo que no puede someterse a la determinación propia, simplemente ocurre y te dejas llevar. Hay un encanto inexplicable, indefinible y motivado por esa sonrisa que adorna el rostro, que ha penetrado en la memoria y que cada amanecer se fija en la mente de un inocente soñador. Cada pensamiento pasa a pertenecerle, lo demás se nubla.

La vida no da nada por sentado, es un espiral sorpresivo en el que nos aferramos a ciertas cosas, pero repentinamente podemos salir disparados y caer en territorio desconocido. A veces, somos nosotros mismos quienes deseamos soltarnos, por una u otra razón justa, con el fin de cambiar un rumbo perjudicial. Eventualmente, podemos correr con la suerte de iniciar el recorrido por un camino promisorio, donde la felicidad nos envuelve de forma diferente, donde algo nos indica una variante con lo experimentado previamente. De pronto, sólo queremos correr por esa vereda fascinante que conmueve y apasiona, sólo queremos permanecer en ella y cuidar la alegría que regocija los días.

Esta situación podría darse muchas ocasiones, a lo largo de nuestra permanencia aquí, pero insisto, uno intenta defender y proteger lo que se aprecia. Si las oportunidades no resultan, avanzamos cual exploradores persistentes, como fanáticos de una causa meritoria. De esa forma, nos sumergimos en encrucijadas alocadas donde hallamos el sentido de la palabra "querer" y "amar", donde comprendemos la razón de que el imaginario universal mantenga una órbita constante en torno a lo que esa palabra representa. Intentamos alcanzar la felicidad que ese concepto hace realidad.

viernes, mayo 01, 2009

Desvelo


Cuando nos hallamos en situaciones difíciles, decidimos reflexionar solos aunque sea un instante. En ese momento presionamos el interruptor que hace operar la presa y permitimos que toneladas de recuerdos nos ahoguen. Flotando boca arriba sobre las aguas, conscientes del desastre ocurrido, nos calmamos, las penas se sumergen, y esperamos hallar en la penumbra del firmamento un haz de luz que nos guíe. Tal es la situación ideal, y sucede en silencio, dentro de la mente de un sujeto más, igual que tú o yo, recostado sobre su cama, luego de soportar el estremecimiento de la tierra y el colapsar de muchos recuerdos.

Un mecanismo de autodefensa para algunos, un caparazón perecedero que hace su trabajo el tiempo que sea necesario. Luego el hombre abre los ojos paulatinamente y halla un mundo renovado, cargado de oportunidades, presto para que él lo tome en sus manos y acondicione un espacio por décima vez. Ese es el transcurrir habitual, una renovación constante que cumple su ciclo cual ave Fénix. Luego de consumirse la llama, las cenizas caen y su roce con las superficies configura un nuevo camino.

Abrir los ojos a esta realidad es tarea de todos si deseamos adaptarnos a las reglas presentes. Resulta curioso que, a pesar de haberlo dicho decenas de veces, no me canso de repetir el mismo tópico. Puede deberse a que en múltiples observaciones de la deteriorada realidad basta ser optimistas, y pensar que el hombre es un ser grandioso que aprende de las caídas y se pone nuevamente de pie. Una máxima aprendida en mi juventud fue: "párate y camina, tienes las piernas para hacerlo". ¿Cuánto tiempo puede llevar su asimilación?

Sábanas removidas, una fresca brisa y la tenue luz filtrada por la ventana. Continúo pensando sin conciliar el sueño, pero lentamente cedo ante el peso de los párpados. "Cada experiencia es alimento de nuevas ideas, materia prima para la creatividad". El típico artista atormentado es un vigilante sincero, víctima de ver más allá de las apariencias, pero comprometido con la labor de desenmascarar los hilos causantes del devenir, de dar una apreciación subjetiva mas no por ello equivocada del entorno. Tal vez por ello muchos de quienes nos obsequiaron perspectivas asombrosas de la vida fueron consumidos por sus piezas. Se trata de proporcionar una visión más del mundo. Por otro lado, se trata de no ser víctimas de nuestros hallazgos.

Los ojos ceden el paso a la imaginación. El cansancio me derrota. Me sumerjo finalmente en las fantasías del subcosnciente, en un surrealismo confuso, tal como el texto que comparto. Y es que la finalidad de esto es sugerir esa misma sensación, donde hay ideas y formas definidas, pero atadas al azar, absurdamente, y que conducen a un desenlace abrupto: el despertar. De la misma forma ocurre con los sueños.

La luz de la mañana se filtra por la ventana. Abandono el flote sublime sobre la densa penumbra de nuestro inconsciente. Despierto y siento que la carga no es igual. Sonrío sin desarroparme. Pienso que escribiré al respecto. El nuevo día debe comenzar...

jueves, abril 09, 2009

Tocando fondo


Durante la década roja muchas promesas han circulado. Junto a ellas, amenazas de cambios radicales partieron de los labios de quien hoy en día ocupa la primera magistratura. La incredulidad de un venezolano jovial, luego de cuatro décadas de transformación democrática, llevó a pensar que las intimidaciones sólo serían arengas caprichosas al final del día. Confiado, un pueblo se entrego completamente a un pseudo mesías, a la encarnación de la peor debilidad que ha azotado a Venezuela desde sus primeros pasos: el caudillismo.

Como un juego de ajedrez, el cerebro principal dispuso a punta de permisividad, pagos y manipulaciones las hambrientas piezas. Hoy somos testigos de cómo el artífice del desastre devora su camino hacia un certero jaque mate a la concepción democrática de esta débil nación. La culpa del desastre recaerá igualmente sobre decenas de funcionarios que por defender un cargo y un bolsillo vendieron su alma. Sin conciencia es muy sabroso pasar por encima de las leyes.

La semana anterior en Venezuela se materializaron una serie de atropellos que sirven de abreboca a lo que está por seguir. Las amenazas que parecían ficción se hicieron realidad. Vimos cómo sujetos incriminados en los asesinatos del 11-A fueron condenados a la pena máxima, sin que hubiese prueba alguna. Se hallaban en el lugar equivocado en el momento equivocado. No se pudo establecer vinculación alguna con órdenes (en caso de haberlas) de accionar el gatillo. El broche de oro lo establece la condena superior, que hace más evidente la razón de tipo político y no judicial. Vale acotar que el gobierno nunca accedió a que se estableciera la denominada "Comisión de la Verdad" para esclarecer los hechos de tan fatídica fecha, y que los comisarios incriminados protagonizaron un juicio anormal que se prolongó por más de cuatro años.

En segunda instancia, se desató una cacería contra dirigentes opositores. Más allá de posibles actos de corrupción que puedan atribuírseles, se debe considerar que sólo son perseguidos quienes han demostrado una postura contraria al régimen presente. Qué curioso que, constituyendo la mayoría, ningún gobernador u alcalde identificado con el oficialismo sea investigado, a pesar de numerosas denuncias que han sido llevadas a la fiscalía. Nuevamente, es nauseabundo el descaro con el que la autoridad se aplica de forma discrecional.

El colmo se encuentra en la reciente "Ley del Distrito Metropolitano", clara bofetada a la soberanía de la nación. Los votos mutaron en papel sanitario. La solución a la derrota obtenida en los comicios de noviembre es sencilla: hacer una ley donde se determine que otra persona, elegida a dedo por el Ejecutivo, ocupe un cargo superior al de Alcalde Metropolitano. Así de simple. Si no la ganan por la vía regular, la ganan cambiando las reglas del juego, irrespetando desvergonzadamente las elecciones.

Se resume en una suma de primaria concluir que este país abandonó la vía democrática. Decir que por las recurrentes votaciones vivimos dentro de esa forma de gobierno es de imbéciles. Lo he dicho anteriormente: un carro no son cuatro ruedas. El Estado de Derecho ha sido pisoteado de manera reiterada estos últimos años, la autoridad se maneja de forma discrecional, se criminaliza la disidencia, se desconoce la decisión popular y los organismos del Estado arropan una corruptela que desangra a la nación. Al final, todo constituye el tablero de juego para un niño caprichoso, que desvaría sobre su sueño mojado de llevar el país a un destino imposible de alcanzar en medio del desorden presente.

Si te sumerges en un sueño y obvias la realidad sobre la que trabajas, terminarás destruyendo todo aquello que deseas lograr.

En la medida en que el pueblo permanezca con una venda en los ojos, entregado al delirio fantástico, sin poner los pies en la tierra, el país continuará estancado en la ciénaga pestilente a la que lo ha conducido el fanatismo, la ignorancia y la corrupción.

viernes, marzo 27, 2009

¿Cómo hacerte entender?


La subjetividad no resulta muy efectiva cuando queremos comunicar ciertos mensajes. La forma depende de la intencionalidad del autor: algunas ocasiones querrá que se comprenda claramente lo que dice, otras intentará ocultar las ideas tras metáforas y otros recursos literarios. Al final, la interpretación del escucha es el filtro que da la última palabra. Sus conocimientos y sus valores tamizan las palabras del autor y dan pie a la creación de una opinión, aprobatoria o desaprobatoria.

Se presenta un serio problema cuando el individuo desconoce lo que desea lograr con su trabajo. Muchos artistas reconocen que su principal intención es manifestar un sentir profundo y materializan su idea sin preocuparse por si será comprendida o no. Otros, por el contrario, manejan erróneamente los códigos al desear que la gente entienda algo concebido pensando en ellos, pero que está fuera de su alcance y por ende fracasa. Lo mismo sucede con este servidor, que peca reiteradamente al concebir mensajes ataviados hasta el hartazgo, pero que difícilmente serán comprendidos como en un principio quise. Bastará con cambiar la forma, pensarán algunos.

A veces pienso que el estilo es algo muy automático. Uno desea tratar algún tema, pero al empezar a presionar las teclas la estructura es definida por el subconsciente. La colocación de un término por aquí, un signo de puntuación por allá, todo es orquestado por un director incógnito que fue creciendo dentro de mí hace muchos años. El coordinador de quien les hablo, sin rostro definido, se alimentó de cada libro que paso por mis manos hasta cierto punto, hasta que empezó a llevar a los músicos y halló su propia manera de hacer las cosas. Hoy utiliza comúnmente ciertas palabras cuando toma el control, maneja unos códigos fijos y difícilmente me permite cambiar su método. Él es el culpable de lo que leen ahora, de la forma que contiene esta entrada. Él se rehusa a cambiar su estilo. Discutimos con frecuencia por esa razón...

No me sacudo la culpa con él. No piensen que lo utilizo como un chivo expiatorio. Su compañía ha sido grata, pero es necesario permitir que otros tomen lugar frente a la orquesta, nuevas propuestas ávidas de éxito. Pronto se presentarán ante ustedes dando a conocer métodos diferentes que, esperemos, resulten más efectivos.